domingo, 9 de octubre de 2011

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sábado, 21 de agosto de 2010

El Museo Pablo Serrano

Hace tiempo que deseaba leer en algún periódico aragonés, escuchar en alguna emisora de radio aragonesa, ver en alguna cadena de televisión aragonesa que Zaragoza va a contar con un edificio singular que se convertirá, con el paso del tiempo, en una nueva mirada al futuro que compartir. El Museo Pablo Serrano... (leer +)

martes, 22 de diciembre de 2009

Oasis sediento

En la orilla de tus ojos,
allí me encontré con la verdad oculta,
la que imaginé cuando andaba solo por tus palabras nunca dichas.
Sé que cerrarás los labios
cuando acerque mis manos a tu pecho,
el que me espera,
el que no conozco,
pero haré real el beso inventado
por las noches dibujadas en tu espalda.
Y cuando sienta el aroma de tu vientre
haré lento el deseo,
dulce mi lengua,
respirables tus caderas,
las mismas que tiemblan
cuando acorralo con mi cuerpo tu enigma, abierto y ardiente.
Y al final del camino, la boca seca de tanto amar.
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martes, 3 de noviembre de 2009

Hoy vuelvo a respirar

A José Daniel

Este desierto que acabo de atravesar
se me antoja largo y doloroso.
Te he dicho adiós
y parece que nunca hubiera sido noche,
que nunca hubiera nacido la nube negra
que consumió tu corazón,
que nunca el cuchillo de los sueños miserables
se hubiera atrevido a asomar su afilado mensaje.
Este desierto no es urgente,
pero nos aprisiona con su espejo opaco
en el que refleja la soledad
y, en tanto provenimos de horizontes parecidos,
decidimos vivir este exilio común.

Así, buscaré la calma que tu recuerdo me propone,
pues imagino que es un hermoso sendero
el que nos queda por recorrer.
Eso y lo que la vida, la tuya y la nuestra,
ha guardado para todos.
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domingo, 20 de septiembre de 2009

De un susurro naciste

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(Juan Antonio Pérez-Bello)
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La alegría adecuada a tu piel acariciada
sirvió la mejor de tus sonrisas.
Ahí encontré las gotas de la plenitud,
las que me agotan el deseo,
las que nublan mis ganas de noche e infinito,
el mismo que me estremece cuando no hay luz en tu mirada.
Siento la fuerza del hoy acabado,
acostado y mortecino cuando no estás,
cuando me falta tu cuerpo añorado y temido,
el que se atreve con el fondo de la carne buscada y llorada,
el cuerpo que se agolpa en mis músculos tersos
y dispuestos al embate del mar.
El sudor compartido es el mejor alimento,
la muerte viva de los golpes de amor
que encuentran el rastro de la lluvia femenina.
Ese sudor me lo bebo a solas
porque la soledad tiene olor a cielo alcanzado,
a nubes estiradas entre tanto grito de orillas logradas.
Y si llego, que tú estés allí.
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miércoles, 19 de agosto de 2009

Los sueños viven tras su figura

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El cine es un universo tan abierto y ancho que cabe todo en él. Desde películas de corte conceptual cuyo mensaje está reservado a las mentes más sedientas hasta cintas en las que lo importante es que haya un malo, un bueno, un amor y vida, mucha vida, contada, eso sí, con la agilidad que nuestros corazones necesitan.

Puestos a escribir sobre películas que podemos recomendar para que las disfruten este verano, hemos optado por una macedonia de narraciones que tienen entre sí un único detalle en común: todas ellas pretenden contar historias con las que congraciarse con ese ente obtruso y pocas veces escuchado que son los espectadores.

Películas españolas, estadounidenses, japonesas, de acción, de amor, de muerte, de aventura. Cine en estado puro, cine que sigue los mandatos de sus sumos sacerdotes y cine que aborrece la ortodoxia y prefiere recorrer vericuetos nunca explorados aunque sepan que la soledad será su mejor compañera. Cine, en fin, que es de lo que se trata.

Aprendí del sabor de tus ojos

Mishima: una vida en cuatro capítulos. Yukio Mishima es un escritor que forma parte de mi historia personal. Por el solo hecho de ser mencionado en una canción de La Mode ya era suficiente razón para que a mí me pareciese digno de veneración. Eran noches de Mañana, líquidos atardeceres en los que se enredaban nuestros amores y aprendíamos que los besos siempre saben a la chica de ayer. Y en esos encuentros nunca ocultos, siempre gozados, la música de El Zurdo y sus letras minimalistas.
Hoy, años después, el escritor japonés es el protagonista de una de las mejores películas del momento. Está producida por Coppola y Lucas y en ella se nos propone un emocionante recorrido por la vida del mejor escritor japonés de la postguerra. Mishima fue un hombre que vivió marcado por profundos conflictos espirituales que hicieron de él un eterno buscador de la verdad. Vivir en una sociedad hermética y, no se olvide, humillada por una trágica derrota fue su tragedia pues nunca pudo encontrar el punto armónico entre él, su arte y el mundo en el que le tocó vivir.
La película nos lleva hasta el último día de su vida, una vida con la que él mismo decidió acabar delante de sus compañeros de armas en el Cuartel General del ejército practicando un estremecedor ritual japonés, el seppuku. La película tiene toda la fuerza que la cara miserable de la vida nos ofrece cuando uno de sus hijos no es capaz de encontrar la sonrisa eterna y utiliza la técnica del flashback, con continuas referencias a su pasado: su infancia, sus comienzos como escritor, el éxito, su obsesión por la belleza y su tormentosa vida sexual. Cada capítulo es una evocación a su obra literaria, patrimonio cultural de la Humanidad, y juntos conforman un edificio narrativo de primer orden que merece la pena visitar.

Tres días con la familia. El cine español aporta productos realmente interesantes que conviene rescatar de entre la cacharrería americana que, a veces, nos impide ver la limpia llanura. Ese es el caso de “Tres días con la familia”, donde podremos conocer a Lea, una joven que lleva un tiempo viviendo en el extranjero y que regresa a casa cuando sabe que acaba de morir el patriarca familiar. Durante esos días podrá volver a sentir los sentimientos, buenos y malos, de toda la familia Vich i Carbó. Sin embargo, también podrá volver a vivir en carne propia y alma común lo difícil que es sostener ese mundo en el que lo más importante es lo que parece, nunca lo que es.

Tetro. El maestro Francis Ford Coppola vuelve a la dirección, vuelve a su puesto desde el que gobernar parte de la magia que es el cine. Claro, que debe ser muy duro acostarse cada noche sabiendo que ese cuerpo que roza las satinadas sábanas de la mestría ha sido capaz de dirigir enormes monumentos como “El padrino” o “Apocalypse now” y por eso el mundo espera de uno destellos de grandeza de similar importancia. Y no siempre sale.
En esta película conoceremos a Bennie, quien a sus 17 años llega a Buenos Aires en busca de su hermano mayor, un escritor de éxito que se hace llamar Tetro. Sin embargo, cuando lo encuentra se da cuenta de que no es un tipo brillante, sino un hombre autodestructivo que no quiere saber nada de su familia. El joven recibe el apoyo de la novia de su hermano, pero el hallazgo de unos manuscritos donde Tetro revela sus odios familiares, complica la relación, así que Bennie se propone terminar la obra y presentarla a un premio de prestigio.
Este argumento es la razón de ser de esta película, que si hubiera sido formada por cualquier otro seguro que recibiría parabienes y aplauso unánime. Al ser el gran Coppola quien la ha dirigido el tono es un tanto menor, pero eso no obsta para que podamos decir que es una buena película que, además, cuenta con la participación de nuestra Verdú, que poco a poco va abriendo las ventanas del cine internacional.

Ice Age 3. Pocas veces en la historia del cine una saga de tres películas mantiene el tono de la calidad como lo haec “Ice Age”. Si las dos primeras nos enamoraron, la tercera confirma que nos encontramos ante un producto cinematográfico de gran calidad, con unos personajes que ya son unos clásicos y una trama a la que hay que añadir…el amor.
Sí, así es. La simpática ardilla/rata Scrat conocerá a Scratte, que lo volverá loco, lo aturdirá, lo engatusará..En fin, que se nos ha enamorado. Y surgen otros personajes que completan el elenco y cierran, en cierto modo, el círculo, como la comadreja tuerta Buck, un personaje temerario y aventurero que encaja perfectamente en la historia.
La historia arranca con los mamuts Ellie y Manny a punto de ser papás y más nerviosos de lo habitual. Diego, el feroz tigre dientes de sable amigo suyo, se siente viejo y un poco desplazado por la llegada de los cachorros. Las zarigüeyas Crash y Eddie siguen tan inseparables y alocadas como siempre, un poco en su mundo. El más afectado por la noticia es el torpón de Sid, el oso perezoso que pasa el tiempo sin hacer nada, pero que empieza a sentir también la llamada de la paternidad.
Nervioso con su situación personal, Sid se topará con unos huevos que cree abandonados y los cuida como suyos. No tarda en verse a cargo de tres animalitos inusualmente grandes y fuertes para su tierna edad, que lo ven y quieren como padre. Todos felices, o mejor, intranquilos en lo que podrá ocurrir cuando aparezca la madre de esas criaturas con un sospechoso parecido con dinosaurios extinguido. Y la mamá dinosaurio surge, provocando el lógico revuelo. A raíz de este incidente, Sid y sus amigos se adentrarán en un universo subterráneo en el que pervive un mundo prehistórico que creían extinguido.

Despedidas. Esta película japonesa recibió el Oscar a la Mejor Película en Lengua No Inglesa y ya, en su momento, había obtenido 10 galardones de la Academia nipona. El director Yojiro Takita explicó en su discurso de agradecimiento: "La película gira alrededor de la vida y de la muerte, un tema con el que todos podemos relacionarnos. Creo que la forma en la que se enfoca el tema, con ternura y humanismo, puede haber sido una sorpresa para el público".
El personaje central de la cinta es Daigo Kobayashi, un violonchelista que se queda en paro cuando la orquesta de la que forma parte se disuelve. Desesperado, regresa con su mujer a su ciudad natal y acude a una entrevista de trabajo en lo que él cree que es una agencia de viajes.
Allí descubre, con sorpresa y aprensión, que realmente se trata de una funeraria y que necesita el sustancioso dinero que le pagan por amortajar a los difuntos. Con un fino humor y con una gran capacidad dramática el director logra ahondar en los ritos funerarios japoneses y en cómo el personaje principal lucha por liberarse de la presión social para poder enfrentarse a la muerte de una manera completamente diferente.

Homenaje a Pepe Azuara, Alcalde de Alcorisa (1983-2003)

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(Este es el texto que escribí y leí en el acto de homenaje que la Comunidad Educativa del Colegio "El Justicia de Aragón", de Alcorisa (Teruel) rindió a José Ángel Azuara, Alcalde de Alcorisa entre 1983 y 2003 por su contribución a la cultura y su compromiso con la educación en Alcorisa )

Pepe ha sido alcalde de Alcorisa durante tantos años como su pueblo quiso que lo fuera. No hay honor más encendido ni comunión más profunda que la que una comunidad establece con quien le representa y esa antorcha la mantuvo viva mientras nuestra voz, vuestra voz se lo pidió.

Pepe fue alcalde de Alcorisa y ese camino de compromiso lo construyó con la esperanza ciudadana, la que le aplaudía a la luz del día y la que le apagaba las sombras de su trabajo. Destinó su palabra y sus hechos al progreso de su pueblo y encontró compañeros de viaje en puertos ocultos y llanuras despejadas.
Su empresa fue la de muchos y logró sumar el esfuerzo de quienes bebían su misma agua, pero también de quienes miraban horizontes diferentes. Esa fue su grandeza, esa la razón de tantos esfuerzos comunes.

No diré que conocimos a Pepe. Más bien diré que él nos conoció a nosotros. Recibimos su saludo al poco de llegar a Alcorisa y nos regaló un mensaje de futuro cálido. Sus primeras palabras, las recuerdo bien, fueron para anunciarnos un mañana compartido, como si nos quisiera hacer saber que nuestro viaje iba a tener una parada prolongada en este pueblo aunque nosotros aún no lo supiéramos. Nos habló de Alcorisa y nos enseñó que sus calles son, en realidad, amables estancias para el viajero que, despistado o no, ata sus caballerías en la vieja Posada Montaña con la sola idea de pasar una noche, como lo hacía mi abuelo hace tantos años cuando recorría la provincia para transportar cuanto era capaz, y al fin decidiera quedarse a ver crecer la vida. Las recuerdo bien, como recuerdo que no preguntó de dónde veníamos. Eso sí, en seguida nos invitó a su mesa, la del trabajo, la del compromiso, la del esfuerzo. Y nos gustó ver que en esa mesa no estaba solo, sino que había un buen número de proyectos, distintos aunque con un mismo fin, dispuestos al combate por el progreso.

Pepe fue alcalde Alcorisa, pero ha sido, y sobre todas las cosas, alcalde de la Educación y la Cultura. Los proyectos escolares, las iniciativas pedagógicas, los vientos orillados por la experimentación y la reforma educativa siempre encontraron en él a un valeroso paladín, aquel que confió plenamente en nosotros y sembró en campos dispuestos a la luz ancha y limpia. Siempre sentimos que éramos escuchados, comprendimos que éramos comprendidos y abrimos nuestro entendimiento a diferentes formas de entender.

Nuestra Comunidad Educativa, el Campus Educativo de Alcorisa, como gustamos llamarnos según afortunada expresión que acuñamos hace tiempo en una de las muchas reuniones que mantenemos los Equipos Directivos de Alcorisa que, hay que decirlo, son desde hace mucho tiempo reuniones de amigos, ha vibrado con Pepe y sabemos que él también ha sentido el calor de los maestros y maestras de este Colegio. Hemos recorrido caminos de ida y vuelta, hemos descubierto juntos que hay más senderos que ideas y, juntos también, hemos abierto ventanas dispersas que aguardaban impacientes que unas manos firmes como las suyas, decididas como las nuestras, girasen la manivela de la noche para encontrar el azul del cielo.

Y Pepe lo ha sabido. Ha sabido siempre que nuestro Colegio crece cada día y ha compartido con nosotros nuestro entusiasmo, incluso cuando las dificultades nos visitaban, porque nos dio la mano para sentirnos más fuertes cuanto más unidos estábamos; porque cuando notamos el aliento de la dificultad sentimos el calor de su apoyo y porque cuando acogimos los desafíos que la sociedad nos propuso nos prestó su palabra y, sobre todo, sus hechos para completar la llegada al puerto necesario.

Hoy, Pepe, queremos que sientas de cerca el reconocimiento a tu empeño por parte de la Comunidad del Colegio “El Justicia de Aragón” por acuerdo unánime de su Consejo Escolar. Pero queremos, sobre todo, que sientas el aroma de la infancia y la juventud alcorisana, la que fue, la que es y la que será, pues aquí conocieron el conocimiento, aquí supieron del saber y, lo más importante, aquí empezaron a ser ciudadanos. Que mañana, cuando otro sol entre por esas ventanas y otro aire perfume estas estancias, el espíritu que hicimos nuestro y que se encarna en nuestra forma de ser como pueblo y como ciudadanos siga vivo y la Historia sepa que hubo un alcalde, por nombre Pepe Azuara, que entendió que la educación no es patrimonio de las ideas, sino empeño de las personas de bien.
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Contigo

Sé que mis manos merodean la caricia
y anuncio un sendero humedecido por labios expertos.
Si encuentras mi huella síguela,
que te espero al final de tu cuerpo.
Allí encontrarás un abismo de deseo incompleto,
en el que tu lengua galope, suculenta, sobre mi pecho erguido.
Entonces sabré que has obtenido el premio merecido,
cuando aspires el aroma de un torso enhiesto y puro que aguarda, infantil,
el galanteo de tu boca.
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lunes, 17 de agosto de 2009

Por buscar

Por buscar en las tardes soñadas
he abierto los ojos para ver las sonrisas no vistas,
los abrazos que no he recibido,
los besos que no he dado.

Por buscar la mañana despierta
después de tanto amor construido en la noche
he encontrado la manera de ocultar
este acantilado en que se ha convertido mi corazón,
tantas olas agolpadas en mi pecho
que aún siento la humedad del deseo.

Por buscar la boca perdida
prolongo el tiempo que no se encoge
cuando me falta lo más amado,
lo más deseado,
ese dulce estremecimiento
que anhelo cuando no lo tengo
y me asusta cuando se me ofrece.

Si buscar es mi destino
doy por buena la espera eterna,
la misma que me otorgo
en estas praderas amigas del cuerpo nuevo y desnudo
que acoge mis manos.
En esa larga travesía
siento el tacto de la carne cálida y espumosa
en la que poder beber el jugo de los labios enfurecidos.
Si los veo me los quedaré.
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domingo, 2 de agosto de 2009

Hoy

..
Hoy hace calor en las laderas de tanta ausencia,
que ya me cansan estos agujeros negros
que se me aparecen a cada instante.
Hoy es el día de soledades anchas,
de alegrías de mar,
de caricias maduras,
de vacíos escuchados,
de besos construidos,
de estrellas próximas.
Cuando llegan, insolentes y cínicos,
me doy al exceso,
al no límite,
al barranco del júbilo.
Hoy sí me gustaría estar cerca de todo. Del todo.
Poder masticar las ganas que tengo,
engullir la tierra que me das,
revivir las estatuas que imagino,
moldear las caderas soñadas.

Hoy es el día para no dormir,
para estar abierto a la noche
y limpiar la soledad invasora e inservible
que me hace sentir tierra de conquista nunca abrazada.
Hoy es el día de sujetar el corazón,
que galopa sin deseos de regresar al pecho
empujado por el escalofrío que recorre el cuerpo a destiempo.
Hoy es el día de garabatear tu espalda.
Hoy no es, pero huelo la voz que me dice que habrá un mañana inmóvil
y un beso para cubrir el deseo dislocado. Mi beso.
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Después, las manos arrimadas,
el pecho grave y dispuesto,
el vientre ofrecido,
las piernas firmes en la acogida
y el sinuoso movimiento de la vida que se queda para darla.
Al momento, los labios estremecidos, existentes, crujientes,
agotados ante la lengua enloquecida,
opacos al grito de placer que no llega porque nadie lo quiere,
que eso es el fin y quién quere terminar.
Las manos revuelven la llanura de tu espalda
y buscan el cielo descifrado entre los pliegues de los gemidos.
Y después me preguntas si veo el mar y nada veo,
pues he cerrado los ojos por ti.
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jueves, 16 de julio de 2009

Se ha caído el día

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Ya se ha caído el día.
Un día completo, pleno, abundante.
Un día con sus llenos y sus vacíos,
esforzado, hambriento, holgazán, saciado.
Un día con su cielo desconcertado y su tierra cierta,
pero día al fin.
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miércoles, 15 de julio de 2009

Mi Real Zaragoza, el aroma del agua azul

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Hoy va de fiesta. El sábado 13 de Junio dirigí mis pasos a la Plazaespaña de Zaragoza cogido de la mano de quien más me quiere y mejor quiero. Ese día respiré, respiré sonriendo y emocionado como, supongo, lo hice hace 45 años cuando en esa misma calle y en aquella ocasión a corderetas de mi padre aclamé, como sólo lo puede hacer un niño, a los Magníficos, que recorrían las calles de mi ciudad con la Copa del Generalísimo lograda después de derrotar al Atlético de Madrid por 2 - 1 con goles de Lapetra y Villa. Respiré emocionado, como cuando hace 31 años celebré el ascenso a Primera en un mágico 23 de Abril después de haber soleado mi corazón aragonés en la manifestación por la autonomía esa misma mañana. Respiré ilusionado, como lo hice hace 23 años, aquella mañana de domingo en la Plaza del Pilar en que recibimos a los héroes del Calderón que habían derrotado al Barça con gol del Poeta al malogrado Urruti en la Final de Copa del 86. Respiré, en fin, como lo hicimos miles de zaragocistas esa tarde, porque nuestros ojos ya divisan un horizonte claro y abierto, el que merecemos, el que añoramos, en el que hemos crecido y nos hemos hecho hombres y mujeres.

Todo había acabado. O mejor: todo empezaba de nuevo. Recibimos a los héroes, a nuestro guerreros sonrientes, esforzados en la batalla, suaves en la alegría. La gente alegre cantaba y gritaba frases bien cosidas que levantaban el color zaragocista hasta el cielo que se negaba a llover, como si no quisiera romper la celebración.

Llegó el autobús y llegó la algarabía. Como sé que ocurrió hace tantos años, en 1951, por ejemplo, cuando el Real Zaragoza derrotó al Real Murcia por 3 - 2 en un agónico partido y supo que era equipo de Primera tras una inacabable espera de veinte minutos cuando se consumó la derrota del Málaga ante Las Palmas por 4 - 1. El zaragocismo protagonizó entonces una multitudinaria peregrinación hasta el Pilar para celebrar el ascenso y la ciudad vibró como nunca. Como el sábado. Había que ver los rostros de los miles de presentes y los gestos entregados de los jugadores y el cuerpo técnico. De jugadores como Ander, futuro del Real Zaragoza, y de Fabián Ayala, historia viva del fútbol mundial y, ahora mismo, zaragocista por los cuatro costados.

Acompañamos al autobús, enfundados en nuestra emoción, y después optamos por regresar a la Campana de los Perdidos, templo de melodías y añoranzas. Allí nos esperaba el amor. Allí estaba el futuro. Como en nuestros corazones. Ya estamos en Primera otra vez. Ya estamos en casa.

lunes, 13 de julio de 2009

Al lado de esas traviesas (VI y último)

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Y todo pasó tal y como anunció el hombre dolmen, el alto, el enhiesto. Aquella tarde de primavera, cuando veintidós hombres luchaban por el honor de la tribu, cuando toda una ciudad abría la boca para absorber la gallardía de sus gladiadores, el cielo se cubrió de un manto vivo y ancho. Sus colores eran tan rojos como la pasión de un joven que explota su amor en el primer encuentro, como la saliva caliente de un beso largo y deseado. Así se extendió aquella propuesta de colores que, durante unos minutos, estiró la mirada de los espectadores, en un movimiento vertical de sus cabezas más parecido al asombro que al miedo, como si todos deseásemos que aquello que contemplábamos significase el fin de nada y el comienzo de todo. Fueron unos minutos, pero temblamos como niños y hasta los futbolistas detuvieron su vigor, como si quisieran mostrar que ellos, auténticos dioses en la tierra, reconociesen el poder que no puede estar en otro sitio que no sea el Cielo.

Al día siguiente, los periódicos hablaban de globos sonda, de fenómeno inexplicable, de amenazas deseadas y temidas al mismo tiempo. Hay quien se atrevió a mencionar esas naves circulares que cuadran a veces el espacio. Eso quedará, como quedó la premonición del hombre vertical, el que se acercó a un grupo de niños y les dijo que esa tarde iba a llover marrón. Se equivocó en el color, pero supo que la tierra acogería el llanto del pasado para dibujar días más luminosos. Como este que respiramos hoy.
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FIN
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jueves, 9 de julio de 2009

Al lado de esas traviesas (V)

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El estadio estaba lleno, lo recuerdo bien. Era un partido con doble página. Es verdad que un Zaragoza Madrid siempre ayuda a calentar el aire, pero aquel servía, además, para enfriar el latido de un 1 de Mayo que recorrería las calles de un país gobernado por un mediocre hombrecillo que decía vivir para Dios y la Historia, así, con mayúsculas. Por eso, las televisiones mostraban lo mejor del equipo del régimen y la audacia de un puñado de jóvenes que lamían la nuca del poderoso. Aquella Liga sería la del 6 a 1 a la opulencia.
(continuará)
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miércoles, 8 de julio de 2009

Al lado de esas traviesas (IV)

Yo no sé si los demás le entendieron. Yo sé que me estremecí, que era un tipo esquinado y lateral que miraba con tierra en los ojos y no me gustó nada. Y me asusté, aunque eso no es importante, porque yo era un chaval temblón y fácil para el chascarrillo de los compañeros de juegos, aunque me querían. Claro, que eso lo supe años después, como tantas otras cosas.

El hombre alto, enhiesto casi, que así escriben y sueñan los poetas, tiró una amarillenta colilla al suelo, dio media vuelta y se fue. Nosotros vimos con alivio que llegaba Rubén y también emprendimos nuestra habitual y ritual caminata, rumbo al templo de la furia colectiva. Esa tarde hablamos poco, si bien las roncas voces de Paco y Luis, los mayores que ya empezaban a cambiar la voz, servían para marcar nuestro territorio y decir con fuerza que aquel tipo no tenía media hostia y que la próxima que me lo encuentre igual le parto la cara, ¿o qué? Esa era la filosofía de Paco, qué se le va a hacer, y el tiempo marcaría su destino como no podía ser de otra forma, llevándole a la cama de una mujer que le daría cinco hijos y al taller de un explotador que le quitaría cinco vidas.
(continuará)

martes, 7 de julio de 2009

Al lado de esas traviesas (III)

Habíamos quedado citados en la esquina de la calle del pino para emprender el largo camino que nos llevaba cada quince días al campo de fútbol del equipo de la ciudad. Era un recorrido delgado, esbelto a veces, que completábamos con ritmo de cobre en formación desordenada, pero que servía para conocernos más y decorar nuestras espinillas con las piedras que saltaban a nuestro paso. Sólo faltaba Rubén, el más alto de todos, para emprender la marcha cuando aquel hombre que permanecía de pie, a unos cuantos metros de nosotros, desde hacía algunos minutos, se acercó hasta nosotros y nos preguntó si pensábamos ir al fútbol:

- Sí.

- Pues hoy llorará el cielo. Y serán lágrimas marrones.

(continuará)

lunes, 6 de julio de 2009

Al lado de esas traviesas (II)

Conversábamos de todo, hasta de la nada, hasta de lo que no conocíamos ni habíamos siquiera soñado; hablábamos bajo el cielo rojo del verano, bajo las puntas de las estrellas de las noches cortas, bajo el aliento de los que nos criaban y nos mandaban a las calles, a patear sonidos, lamentos, jadeos y miradas diagonales, de esas que traspasan aunque no entiendas nada. Como cuando cayó en medio de la calle un condón usado por el deseo rasposo de los dos reclutas que alquilaron el tercero B y hacían el amor con aquellas dos chavalas que estudiaban en la Universidad pero se reían como dos rayos blancos de atardecer. Pero no es eso de lo que quería hablar, sino de lo que sucedió aquella tarde del mes de abril.

(continuará)

Al lado de esas traviesas (I)

Crecí al lado de esas traviesas que componían la espina dorsal que maldita la manera en que separaba el barrio en dos mantos blanco y negro, por no decir “tú de aquí, yo de allá”. Era “la vía”, a partir de la cual nacía y moría cada una de las dos formas de sentir la vida. La zona oeste se hallaba acostada en las marginales laderas de La Camisera, que era como un submundo donde pasaban cosas y vivían vidas con tormenta. Rara vez (nunca) me aventuré por sus calles, ni yo ni los chavales de mi cuadrilla, por lo que de peligro suponía hacerlo. Los personajes más pendencieros del barrio surgían cada noche de sus parcelas y los apellidos más ilustres del hampa local dormitaban tras las cortinas que, a modo de poderosos muros, protegían cada casa. Eran baratos mantos de tela rígida que presentaban sus respetos al paseante embozados en gruesas y veteranas manchas que nadie se preocupaba en hacer desaparecer. Alguno de esos príncipes de la tropelía acostumbraba a merodear las salidas de los colegios, a modo de precoz traficante de palabras prohibidas, y aprovechaba los momentos de soledad de algunos grupos de pequeños escolares que se quedaban rezagados para robarles los objetos más apreciados del momento: chivas (canicas), estampas (cromos), tacos de goma o tabas. Lo hacían con violencia en minúscula, pero violencia al fin, y no era extraño que los mocos que se secaban en las comisuras de sus labios quedasen como rastro en la mejilla del atracado, que bien poco podía hacer si no era añadir su nombre a la lista de víctimas.

(continuará)

viernes, 3 de julio de 2009

Será

Miraré las aguas de mis silencios

con la fortaleza del que aspira

a ser fiel a su corazón

y morir con el único orgullo posible.

Me iré

y diré que mi cielo es blanco y azul.

Hablaré con la voz intencionada,

a las calles abiertas por tus labios

y estaré siempre ocupado

en esos días que renovaste

tu gesto dispuesto.

jueves, 2 de julio de 2009

Esperar

He tenido que esperar.

Porque esa nube abría los ojos

cuando había que dormir.

Porque esa estrella doblaba la almohada

cuando había que reír.

Porque ese río cantaba cristal

en medio de la tormenta.

Porque esa ladera mecía su cadera

y no había melodía.

Nos has hecho esperar.

Y olvidar que no se te olvida,

que pasan los días

y el sonido de tus ojos es un aliento de presencia.

He tenido que esperar

para darle la espalda al miedo

y ponerle cuatro silencios

a este ruido que nos ocupa el corazón.

¡Hay que ver cómo se cae el aire!

No te imaginas cómo llueve hoy

en la boca de la tierra.

Si te das cuenta

todo llama a tu palabra,

como cuando la regalabas

a los niños que se acercaban a tu paisaje.

Los niños, todos.

He tenido que esperar.

Mirar al amor y sujetar con fuerza la mañana.

Doblar la esquina de la rabia,

besar con la voz el vacío de la amiga

y encontrar la última luz de esperanza en el nombre de tu vida.

Vida sobre vida.

Ahora que ya escampa,

que ya sabe más suave la niebla,

que los días se abren con pereza de compañera,

ahora, te digo,

diremos el nombre de tu miel.

Hermosa coincidencia.

Supiste elegir la dulzura de los tres.