sábado, 28 de marzo de 2009

Peña "Juan Señor", la eterna llama azul

(Este artículo me fue publicado en el nº 40 de "La Crónica del Bajo Aragón")

Vivimos en Territorio Asociación. En cada esquina de nuestros pueblos luce un luminoso donde se puede leer: “Peña…”, “Asociación…”, “Agrupación…” y eso es un hecho que perfuma nuestra vida y hermana nuestros esfuerzos. Hoy hablaré de una de ellas: la Peña zaragocista “Juan Señor”, de Alcorisa.

Y es que vuela mortecino el aire azul, que duerme el sueño de la miseria de ver a su equipo en Segunda División. Las tardes que otras temporadas eran una explosión de júbilo blanquillo son en estos momentos páramos de vientos secos y oxidados que arrastran cada latido con la fiereza del verdugo. En los últimos años he podido respirar la euforia de victorias épicas de las que guardo cálido recuerdo, pero no son las alegrías propias a costa de tristezas ajenas lo que me hace mostrar el orgullo de ser peñista. Sé, y me gustaría que todo el mundo lo viviera así, que el deporte es confrontación y que así debe ser, porque si existe el contrincante es para que yo pueda saber hasta dónde puedo llegar. Pero sé también que una peña de fútbol, una peña zaragocista, es un lugar de encuentro y un momento para la confidencia y la camaradería, como cuando tuve el honor de compartir mesa y palabras con Violeta, uno de mis ídolos de niñez, que me confesó que “quedándose en el Real Zaragoza había hecho feliz a mucha gente”.

Ver un partido de fútbol en la Peña “Juan Señor” tiene un componente mágico. Podemos estar inmersos en una ácida discusión, alborozados en la refriega dialéctica o debatiendo sobre la importancia de ser zaragocistas, un aspecto este que deriva siempre en ver quién lo es más, pero hay un punto en que todos los planetas se detienen y los sistemas solares interrumpen su expansión: un gol del Real Zaragoza. Ahí, en ese instante se caen los argumentos, se mueren las diferencias y se agotan las opiniones encontradas y sin saber por qué el abrazo camarada se convierte en el símbolo de nuestra unión, ora en la alegría, ora en la tristeza.

Es cierto que vivimos golpeados por los escombros y sabemos que nos va a costar salir mucho de este paisaje en el que el estupor y la soledad son nuestros compañeros, pero diré que esta angustiosa travesía está siendo menos dolorosa porque la puedo vivir junto a mis amigos de la Peña, a los que no les pregunto ni su nombre ni de dónde vienen: me basta con saber que en su corazón brilla esperanzada la corona del escudo del león.

Juan Antonio Pérez-Bello

Alcorisa, la sonrisa bilingüe

(Este artículo me fue publicado en el nº 39 de "La Crónica del Bajo Aragón")
Ahora que las palabras son más audaces y el porvenir se asoma con gesto seguro es más honesto hacerle caso a la Historia y convenir que los sueños están hechos de la misma materia que la esperanza. Al igual que Martin L. King, nosotros también tuvimos un sueño. En efecto, we had a dream.

Alcorisa es el lugar que hemos elegido para vivir, trabajar, amar y crecer y en él, en ese sueño, nuestro pueblo se convertía en una comunidad en la que el lenguaje era su herramienta más preciada, en la que sus ciudadanos abrían las ventanas a otras formas de entender el mundo y aprender que la línea del horizonte es un abrazo con lo que no conocemos pero anhelamos hacer nuestro. En el sueño contemplábamos otras culturas y veíamos a sus ciudadanos hablar dos lenguas, dos universos unidos.

Soñábamos que los jóvenes de Alcorisa se acercaban a la vida empleando dos idiomas. Uno, el propio, el que llamamos castellano (o español, depende esto de que nos avergüence o no la tiranía de la corrección), que es nuestra alma y nuestra madre. Otro, el idioma universal, el inglés, que es la llave del futuro, la puerta por la que llegar a un mañana más abierto donde el progreso es el compañero inseparable. Dos lenguas para una comunidad dispuesta a la superación y el bienestar de nuestros herederos.

Con sólo soñarlo ya merecería la pena vivir, pero podemos mostrar nuestra alegría cuando el Colegio “El Justicia de Aragón” ya lleva cuatro años trabajando en un Proyecto Bilingüe que hará, junto al IES “Damián Forment”, que este sueño sea una realidad dentro de unos años. Nuestros alumnos ya están siendo educados en dos idiomas y están entendiendo el mundo y la vida en dos idiomas: español e inglés. Esta apuesta, que no es sólo del Colegio, sino de Alcorisa, es la decisión más trascendente que en términos sociales se ha tomado en nuestra localidad en los últimos años. Conlleva unas consecuencias que transformarán extraordinariamente el tejido económico, empresarial, cultural y social, más allá del nivel educativo que cada ciudadano alcance. Poder contar con ciudadanos capaces de comunicarse naturalmente en dos lenguas es un capital humano de tal calidad que sólo el paso de los años nos permitirá valorar en su justa medida.

Sí, tenemos un sueño. Y lo estamos cumpliendo, con entusiasmo y con capacidad de compromiso y esfuerzo compartido. Y sí, hemos comprobado que los sueños se cumplen. Yes, we can.

Juan Antonio Pérez-Bello
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Antonio, la palabra sin días

El 11 de Junio de 2001 fue un día especial en el Colegio de Alcorisa y, por abrazo emocionado, en Alcorisa. Nos visitaban D. Fernando García Vicente, Justicia de Aragón, y D. Bernardo Bayona, Presidente del Consejo Escolar de Aragón. El motivo, la celebración del XXV aniversario del centro y la imposición del nombre que nos identifica: “El Justicia de Aragón”.

Alcorisa, con su alcalde, D. José Ángel Azuara, a la cabeza se sumó a la fiesta y decidió recorrer una vez más el camino que lleva a sus hijos “a escuela”, un sendero despierto y abierto al final del cual espera siempre el cobijo de las palabras de sus maestros.

Aquel acto fue un canto a la voluntad compartida, escrita con hechos fértiles e ideas soñadas, un mensaje de aliento a quienes siguen el camino aunque éste a veces se muestre agreste, inesperado. En él habló el Sr. Bayona, con quien me reencontraba tras tantos años, pues suyas habían sido las primeras lecciones de Filosofía que recibí a finales de los setenta. Habló y expresó su convencimiento de que nuestra tarea, el universo en que sorteamos el luto de la ignorancia es una sugerente llamada al esfuerzo común.

Las palabras de mi antiguo profesor llegaban hasta mí como quien evoca un viejo aroma, pues durante dos años las había recogido en aquellos apresurados apuntes que tomábamos bajo nuestra agitada juventud. Pero las recibí con tanta más claridad porque a su derecha se sentaba otro de mis maestros, un hombre que esos días preparaba su adiós a la enseñanza y su saludo a la vida abierta y rebosante del descanso bien ganado. Y recuerdo que la tarde era cálida y se prestaba a la ironía cómplice, como cuando le pregunté a nuestro Justicia qué le parecía que un Colegio, cuyo Director se llamaba Antonio Pérez, llevase a partir de ese momento el nombre de la institución que él encarnaba. La risa que suscitó semejante reflexión y la ingeniosa respuesta del Justicia logró que la sonrisa de Antonio, D. Antonio, ensanchase un poco más el horizonte de los afectos entre los presentes.

Como hoy, cuando años después ha decidido cerrar la puerta de la escuela, apagar las luces del cielo y echar un último vistazo al recreo de la vida, esa que nos dio, esa que abandonó cuando aún le esperamos, cuando aún le queremos.

Juan Antonio Pérez-Bello
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A Alicia

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Descubro las letras que me salen al paso
y en todas ellas, Alicia,
encuentro un ramo de vida.
No tanto por el brillo de tu recuerdo,
como por el sonido de tu voz.
Descubro palabras con los ojos abiertos,
como esas mañanas que adivino
entre tanta sonrisa por llegar,
tanto amor que recibiste de quien tanto te quiso.

Se me ocurre que esa cabecita
tan llena de viento libre
caviló un futuro que ha llegado más deprisa de lo que deseaste,
pero ya está aquí, Alicia,
insolente y galán, como es él.
Y está aquí, porque tú, recuérdalo, lo llamaste.

Los días te ofrecieron su mirada inapagada
y abriste cada una de las páginas
que los ríos del saber te mostraban con su ingenuo galope.
Elegiste el sendero de la entrega,
esa que exige que tu corazón sepa de caminos encontrados,
de manos tendidas y voces unidas.
Tantas sonrisas a la vez, tantas frases a la vez, tantas veces a la vez.

Y todas las alegrías oportunas
las guardaste en un recodo de tus noches,
para que nadie las toque,
para que nadie las confunda
con las gotas que el sudor o el rocío
han dejado en la tierra que te propone un oasis de memorias recogidas.

Porque no ha habido deriva en tu continente
ni tu espalda añoró las alas que no tuvo.
No ha hecho falta.
Nunca hará falta.

El mar
es como la tentación que anuncia la botella errática
que alguien lanzó a los brazos de las olas.
Pero hay muchos mares, tantos como rostros sinceros has conocido.
El tuyo, Alicia, ha llevado dibujado en cada golpe de espuma
la mirada de un niño,
el aroma de un niño,
el tacto de un niño,
la música de un niño.
Como estas melodías que te regalamos,
que hoy son como las gotas de la lluvia bendecida por la tierra
y mañana serán el beso de tus recuerdos.

Esa mujer, esta mujer, eres tú,
cosida a la vida que has amado
y al hombre que elegiste
y te eligió como el mejor sol posible.
Juan, Alicia, es como esa puerta que te abre las calles para que las camines,
para que las conozcas,
para que te lleven hasta el país de las bibliotecas eternas
en las que no caben más historias
porque la mejor de todas ellas, Alicia,
está por escribir.
Y serás tú quien ponga la palabra fin.