Hace tiempo que deseaba leer en algún periódico aragonés, escuchar en alguna emisora de radio aragonesa, ver en alguna cadena de televisión aragonesa que Zaragoza va a contar con un edificio singular que se convertirá, con el paso del tiempo, en una nueva mirada al futuro que compartir. El Museo Pablo Serrano... (leer +)
sábado, 21 de agosto de 2010
martes, 22 de diciembre de 2009
Oasis sediento
En la orilla de tus ojos,
allí me encontré con la verdad oculta,
la que imaginé cuando andaba solo por tus palabras nunca dichas.
Sé que cerrarás los labios
cuando acerque mis manos a tu pecho,
el que me espera,
el que no conozco,
pero haré real el beso inventado
por las noches dibujadas en tu espalda.
Y cuando sienta el aroma de tu vientre
haré lento el deseo,
dulce mi lengua,
respirables tus caderas,
las mismas que tiemblan
cuando acorralo con mi cuerpo tu enigma, abierto y ardiente.
Y al final del camino, la boca seca de tanto amar.
.
allí me encontré con la verdad oculta,
la que imaginé cuando andaba solo por tus palabras nunca dichas.
Sé que cerrarás los labios
cuando acerque mis manos a tu pecho,
el que me espera,
el que no conozco,
pero haré real el beso inventado
por las noches dibujadas en tu espalda.
Y cuando sienta el aroma de tu vientre
haré lento el deseo,
dulce mi lengua,
respirables tus caderas,
las mismas que tiemblan
cuando acorralo con mi cuerpo tu enigma, abierto y ardiente.
Y al final del camino, la boca seca de tanto amar.
.
martes, 3 de noviembre de 2009
Hoy vuelvo a respirar
A José Daniel
Este desierto que acabo de atravesar
se me antoja largo y doloroso.
Te he dicho adiós
y parece que nunca hubiera sido noche,
que nunca hubiera nacido la nube negra
que consumió tu corazón,
que nunca el cuchillo de los sueños miserables
se hubiera atrevido a asomar su afilado mensaje.
Este desierto no es urgente,
pero nos aprisiona con su espejo opaco
en el que refleja la soledad
y, en tanto provenimos de horizontes parecidos,
decidimos vivir este exilio común.
Así, buscaré la calma que tu recuerdo me propone,
pues imagino que es un hermoso sendero
el que nos queda por recorrer.
Eso y lo que la vida, la tuya y la nuestra,
ha guardado para todos.
.
Este desierto que acabo de atravesar
se me antoja largo y doloroso.
Te he dicho adiós
y parece que nunca hubiera sido noche,
que nunca hubiera nacido la nube negra
que consumió tu corazón,
que nunca el cuchillo de los sueños miserables
se hubiera atrevido a asomar su afilado mensaje.
Este desierto no es urgente,
pero nos aprisiona con su espejo opaco
en el que refleja la soledad
y, en tanto provenimos de horizontes parecidos,
decidimos vivir este exilio común.
Así, buscaré la calma que tu recuerdo me propone,
pues imagino que es un hermoso sendero
el que nos queda por recorrer.
Eso y lo que la vida, la tuya y la nuestra,
ha guardado para todos.
.
domingo, 20 de septiembre de 2009
De un susurro naciste
.
(Juan Antonio Pérez-Bello)
.
La alegría adecuada a tu piel acariciada
sirvió la mejor de tus sonrisas.
Ahí encontré las gotas de la plenitud,
las que me agotan el deseo,
las que nublan mis ganas de noche e infinito,
el mismo que me estremece cuando no hay luz en tu mirada.
Siento la fuerza del hoy acabado,
acostado y mortecino cuando no estás,
cuando me falta tu cuerpo añorado y temido,
el que se atreve con el fondo de la carne buscada y llorada,
el cuerpo que se agolpa en mis músculos tersos
y dispuestos al embate del mar.
El sudor compartido es el mejor alimento,
la muerte viva de los golpes de amor
que encuentran el rastro de la lluvia femenina.
Ese sudor me lo bebo a solas
porque la soledad tiene olor a cielo alcanzado,
a nubes estiradas entre tanto grito de orillas logradas.
Y si llego, que tú estés allí.
.
(Juan Antonio Pérez-Bello)
.
La alegría adecuada a tu piel acariciada
sirvió la mejor de tus sonrisas.
Ahí encontré las gotas de la plenitud,
las que me agotan el deseo,
las que nublan mis ganas de noche e infinito,
el mismo que me estremece cuando no hay luz en tu mirada.
Siento la fuerza del hoy acabado,
acostado y mortecino cuando no estás,
cuando me falta tu cuerpo añorado y temido,
el que se atreve con el fondo de la carne buscada y llorada,
el cuerpo que se agolpa en mis músculos tersos
y dispuestos al embate del mar.
El sudor compartido es el mejor alimento,
la muerte viva de los golpes de amor
que encuentran el rastro de la lluvia femenina.
Ese sudor me lo bebo a solas
porque la soledad tiene olor a cielo alcanzado,
a nubes estiradas entre tanto grito de orillas logradas.
Y si llego, que tú estés allí.
.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)